Flauta, Piccolo y Servicio


Ser música o músico es un privilegio. Un privilegio que conlleva mucho esfuerzo y trabajo. Nuestra creatividad se expresa a través de un instrumento,

Cuando le preguntas a los niños o niñas porqué quieren tocar, nos dicen que porque sí, porque les gusta. Cuando finalmente logramos el objetivo de ser profesionales, a veces olvidamos el gozo inicial de jugar con la música, de hacer música porque sí. Con suerte y trabajo, algun@s logramos ser parte de una orquesta o vivir de la música de otra manera. El mundo del trabajo, de los horarios, de los compromisos, de producir sonidos no importa las circunstancias físicas o emocionales en la que nos encontremos, puede quitarnos la magia de crear música.

Cuando comencé en la Orquesta Sinfónica de Puerto Rico, hace ya más de 17 años, sufría de mucho pánico escénico. Temía a el “qué dirán”. Sentía que los ojos del público y de mis colegas estaban sobre mí cada vez que tocaba un solo de piccolo. Trabajé muchas técnicas de enfoque, de relajación, de meditación y todas funcionaron. Mas sin embargo, la más efectiva fue la visualización creativa. Ese recrear la experiencia desde adentro me cambió la experiencia y le devolvió la magia a mis oportunidades musicales. Mas allá de tocar notas y pensar en cuantas hacía bien, transformé cada solo en un acto de servicio. Me imaginé que tocaba a mi audiencia directamente y que ell@s podían recibir el mensaje de lo que comunicaban mis solos o pasajes orquestales. Mi “trabajo” paso de ser de un acto de solamente servirme a mí misma y a mis propósitos a un acto de servirle a los demás. Ese nuevo enfoque me devolvió la alegría y me motivó aún más a prepararme meticulosamente, a estudiar la partitura completa, a escuchar grabaciones de colegas, a leer libros y encontrar formas creativas de complementar el estudio.

Esta nueva energía también mejoró mis conciertos de solista y de música de cámara. Me dió espacio para explorar nuevas avenidas de creatividad. El vivir la música desde este punto de vista, eliminó la ilusión de la competencia ya que cada cual tiene algo único que aportar cuando se trabaja desde el interior. En ese espacio sólo miramos a los demás para aprender y disfrutar pues nos damos cuenta de que si nos enfocamos afuera perdemos la perspectiva y la capacidad de utilizar nuestros recursos internos en un esfuerzo fútil por controlar a los demás.

Hoy que vivimos en un mundo que necesita tanto de sus artistas, creo firmemente que el servicio a los demás es indispensable para alcanzar nuestras metas personales y como seres humanos. En mi país, Puerto Rico, que está pasando por un momento de muchos retos, estamos llamados a servir más que nunca con todos los recursos que tenemos. Puerto Rico es un país sumamente musical, se canta y baila por todos lados. La música tiene un poder impresionante para llevar esperanza, consuelo y alegría a los demás. Muchos artistas y grupos, incluyendo a nuestra Orquesta Sinfónica de Puerto Rico, estamos cumpliendo la misión de llevar música a todos los rincones de la Isla. Invito a todos y todas los músicos y músicas a hacer lo propio, a servir desde el arte. La recompensa de vivir de esta manera nos llena el corazón de alegría y le da vida a las partituras. Salgamos a servir con la música en Puerto Rico y el mundo.

Copyright ©2018 por Ana María Hernández Candelas

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